La gran competición de una barmaid

Han pasado nueve meses desde que Adriana Chia se convirtiera en la primera mujer en ganar una final Española de World Class, la competición con más repercusión del mundo de la coctelería. En una fecha tan señalada como este 8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora, hacemos hincapié en la figura femenina de nuestra profesión. Como ocurre en tantos oficios, el trabajo de Bartender ha estado tradicionalmente copado por los hombres y, aunque sigue siendo bastante desequilibrado en la actualidad, la Barmaid (término para denominar a la profesional femenina detrás de la barra) cada vez está más presente y su futuro, prometedor. Hoy también queremos rendir nuestro pequeño homenaje a una figura que nos abandonó recientemente, María Dolores Boadas, una mujer que dominaba la coctelera con la misma sutileza que las relaciones humanas, una perfecta anfitriona, trabajadora y siempre sonriente, describía la coctelería con tanta pasión que era contagiosa, el mundo de la coctelería nunca la olvidará.

Volviendo a materia de las competiciones de coctelería, si hay una figura que abrió el camino es Yolanda Troitiño, única  española campeona del mundo de coctelería  en 2005 por la I.B.A. En la actualidad no ejerce la profesión, pero sigue siendo una gran inspiración para muchas de las mujeres que hoy viven de esta profesión, como es el caso de Adriana que nos cuenta su experiencia de estos últimos meses.

Cuéntanos  un poco de ti antes de World Class y Solange

Hace cinco años, empecé en la hostelería para poder pagarme los estudios de diseño que estaba cursando. Estuve en un restaurante de mi pueblo, Palau de Plegamans, donde  trabajaba como camarera y, casualmente,  también como bartender. Servíamos millones de cócteles para un sinfín de clientes que no paraban de entrar y salir, era una locura.

Al acabar la carrera de diseño gráfico me di cuenta que lo que de verdad me llenaba era el cariño que se le ponía a servir a todos aquellos clientes. Después me mudé a Barcelona, trabajé en diferentes restaurantes dejando de lado la coctelería, hasta que llegue al lugar que de verdad me abrió los ojos: 41° de Ferrán y Albert Adriá. Allí todavía seguía en la sala pero la magia y los rituales con los que trataban al cocktail fue lo que me hizo ver lo que realmente era la coctelería. Fue entonces cuando decidí dar el salto y pasar al otro lado de la barra. Al dejar 41° mi siguiente parada fue en la mezcalería Oaxaca, donde tuve la oportunidad de adentrarme en el mundo del mezcal y enamorarme todavía más de su cultura.
Pero había un lugar por el que tenía especial cariño, Solange, así que decidí dejar un currículum, con la mala suerte de que el bar estaba cerrado. Acabe dejándolo por debajo de la puerta sin tener muchas esperanzas de recibir una llamada de vuelta. A las semanas recibí una llamada… ¡eran ellos!

¿Cuándo empezaste a sopesar lo de presentarte a una competición?

El verdadero culpable de que todo esto ocurriera y esté donde estoy ahora es  Alfredo Pernia. Fue él quien insistió y confió en mis posibilidades de ganar desde un principio. El mismo día que me propuso presentarme a la competición mis primeras palabras fueron «¡Estás loco!» pero ahora miro atrás y cada día agradezco que me diera ese empujón para hacerlo. Al final lo importante en las competiciones es quien somos como persona, puedes conocer mil formulas y recetas, pero el que hará brillar la barra eres tú misma, debemos creer más en nosotras y sacarnos el miedo de encima.

¿Qué ha cambiado en tu día a día desde entonces?

El tiempo, ahora es lo único que me falta. A raíz de la competición han surgido muchos proyectos, asesorías, viajes, colaboraciones… Esto ocupa el 90% de mi día a día, es un no parar, pero me hace feliz. Todas estas cosas te hacen crecer muchísimo como persona.

¿Cómo llevas la repercusión en redes sociales, tv, radio, prensa y como se puede sobrellevar eso?

Hay veces que todavía me sorprende que me escriban felicitándome por mi gran labor o que, al entrar en algún lugar, ya sepan mi nombre o incluso lo que me gusta beber.
Es bonito poder compartir conversaciones con todas las personas que vienen a verte a Solange, intercambiando experiencias y opiniones. Aun así la única receta para sobrellevarlo es ser tal como eres.

Una anécdota curiosa de la final internacional que casi nadie sepa.

Esto es totalmente confidencial (a la par de divertido), y es que en una de las presentaciones me faltó un ingrediente importante para un cóctel. ¿Lo más gracioso? Que no me di cuenta hasta que tuve que utilizarlo, así que tuve que improvisar sobre el cóctel y la presentación. Menos mal que Alex Kratena tampoco se dio cuenta y no notó la diferencia entre el fino Jerez que supuestamente iba en la receta y el vermouth seco que le puse para sustituirlo… nada más que añadir. (se ríe)

Lo mejor de ganar y lo menos bueno

Lo mejor de ganar, además de las puertas laborales que se abren, es la satisfacción de ver como todo el trabajo realizado con cariño, amor y dedicación da sus frutos, es la mejor sensación que uno puede recibir. ¿Lo menos bueno? Solo me quedo con lo bueno. En la vida todo son lecciones, si no gané (en el World Class mundial) fue porque en algo fallé, creo que hasta el no llevarme el primer puesto fue algo bueno.

¿Tienes presión por ser la campeona nacional?

Ninguna, al contrario. Soy la misma persona que era antes de ganar esta competición, es difícil sentirse presionada después del cariño con el que me recibió todo el mundo en casa al volver de la final mundial. La presión nos la ponemos nosotras mismos, en muchas ocasiones sentimos que la gente espera mucho de nosotros después de ganar una competición de este calibre.

¿Dónde se ve Adriana en cinco años?

Tengo muchos proyectos y ambiciones que me motivan, así que espero poder seguir cumpliendo con mi equipo de Solange todas las metas que nos quedan por alcanzar, ya que esto solo acaba de empezar.

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